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Algo Inteligente

  • Sep. 3rd, 2007 at 1:04 AM
bender
para el reto "Silencio" lanzado por Si Callo, Reviento de Los Buenos Fics y sus Autores

Fandom: Futurama
Advertencias: ninguna
Pareja: Fry/Leela
Disclaimer: Futurama es propiedad de Matt Groening y compañía, así como de Fox, no me pertencen los personajes ni el universo en el que se desenvuelven.
Resumen: no hace falta, es un one-shot súper corto.

Algo inteligente

 Lo último que vio fue el láser del ejército microbio del planeta “Amiba 42”, después de eso, todo completamente en blanco. Nada. A decir verdad se sentía asustado, por aquella inmensidad de nada, tan enorme y tan vacía. ¿Y si estaba muerto?, genial, congelarse mil años para morir a manos de unos microbios gigantes, sí que era una forma curiosa de morir.

Pero no, no podía estar muerto, porque sentía algo, sentía miedo. Sintió como sus pulmones se llenaban de aire, como si la vida le regresara por la boca. Se convulsionó y de golpe abrió los ojos. El techo era la metálica coraza de la nave Planet Express, quiso voltear a un lado pero estaba en especie de shock.

Luego algo se interpuso ante su vista. Bender lo miraba con esos ojos sin vida y movió la boca, no escuchó que decía, pero sabía que tenía los ojos abiertos y ese no era un sueño. Luego ante sus ojos estuvo ella.

Leela.

Cabello púrpura perfecto, hermoso cuerpo de capitana, labios rosados que esa vez estaban contraídos, y su ojo estaba húmedo por las lágrimas.

La miró, nunca había tenido tanto tiempo de contemplarla y en ese instante su mente se aclaró. Nunca, nunca había podido decirle que la amaba, porque su torpeza sólo lo hacía balbucear cosas sin sentido o decir una sarta de tonterías inapropiadas. Pero en medio de su estado catatónico las palabras llegaron a él como pensamientos esperanzadores.

Sin embargo, como sus oídos atrofiados, el habla se había ido, sólo podía ver. Y lo único que veía era a Leela mover la boca desesperada mientras se recargaba en su pecho en el que su respiración era a penas perceptible.  

Se sintió frustrado, no sólo quería decirle que la amaba, también que no se preocupara, estaba vivo después de todo.

Pero su cuerpo no obedecía las órdenes de su cerebro y se negaba a reaccionar. Sólo mantenía los ojos bien abiertos, daban miedo, pues estaban ausentes y fijados en un punto: ella.

La desesperación de Leela la hizo aferrarse a él, la abrazó con mucha fuerza, y él quiso gritar, quiso abrazarla, quiso besarla pero no podía.

Un susurro lejano que como viento decía “Fry” llegó a sus oídos, en ese instante sus brazos quisieron obedecer y abrazó a su compañera, a su capitana, a Leela, su amor.

En su mente se repitió insistentemente “di algo inteligente”, pero ninguno de esos pensamientos llenos de frases adecuadas regresó.

-Me duele el trasero –dijo en medio del abrazo.


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